martes, 2 de agosto de 2011

IRON MAIDEN EN BUENOS AIRES (ARGENTINA) 2008 - Crónica


Compartimos el reportaje realizado en su momento para el webmagazine Rock Cultura. Texto cedido por la Autora para nuestro Medio de Prensa.


Por: Mafer Saavedra Lecompte - Especial para Cavernet Rock

Buenos Aires, Argentina. Marzo 12 de 2008.

El concierto se llevó a cabo en el Estadio Ferrocarril Oeste, un campo de fútbol con las medidas estrictas para un partido sin mucho público comparativamente hablando con respecto a otros escenarios deportivos conocidos. Las tribunas o galerías son graderías metálicas que se ven ya despintadas, con un cerramiento posterior en láminas de madera (no puedo dejar de ser tan descriptiva). En la localidad norte se encuentra la gradería con sombra y tercer piso, esa era la localidad de palco para este recital (como denominan acá al “concierto”). Yo elegí campo (o “gramilla” en nuestro colombiano argot).

Vale anotar, que desde que llegué a Buenos Aires, quedé asombrada por la publicidad que le hacen a los recitales, espectáculos, película o programa de televisión de cualquier categoría. Pueden hacer afiches que cubran un muro entero, lograr dimensiones de 5 por 3.5 metros. He visto anuncios para conciertos de The Police, Rod Stewart, Julio Boca, Tributo a Queen, Deep Purple, hasta de Pimpinela (ese sí más pequeño). Lanzamientos o promoción de trabajos de Led Zeppelin o Lenny Kravitz, se ven en la calle, en el “Subte” (Tren subterráneo o Metro o Subway… pero acá “Subte”), en los cerramientos de lotes, en los mogadores del amoblamiento urbano, en todos lados. Esperé ansiosamente desde que me enteré del concierto de Maiden para que pusieran uno, para tomar los datos de la imprenta y lograr comprar alguno o al menos poderme tomar una foto ahí. NO, no hubo más que un anuncio en el periódico de tamaño ridículo, contando dónde se conseguían las boletas. Lo único que conseguí fue un stand especial para la venta de los trabajos de Maiden en una disquera, donde decía: “Iron Maiden, bienvenidos a la Argentina”. Foto, no hubo más. Muy triste, esperaba un despliegue de publicidad, aunque hubiera sido modesto. NADA.

Mi larga espera acabó, después de muchos años escuchando “Maiden viene este año…” y nada; bueno pues se hizo el milagrito, a mi me tocó en Argentina, pero lo sentí como si estuviera en mi tierra, como si yo misma hubiera llevado también esa larga bandera en la que Dickinson se envolvió feliz, según los comentarios de un fanático de la banda que también vino hasta estas australes tierras para repetir el espectáculo. La fila (la penúltima espera), a la hora que llegué, ya estaba dándole la vuelta a las cuadras que rodean el estadio, hasta la línea del tren y se devolvía por el otro andén… para que se den una idea era mucha gente, mucha. Bueno ni modo, a seguir la cola hasta el final, además acá son súper respetuosos con las filas y los turnos (se suma al aprendizaje y culturización)… cuando ya íbamos llegando a la línea del tren, vi a un grupo de colombianos (identificados por la bandera) y me devolví a preguntar si era efectivamente la fila o no, llegué bien, pregunté lo que era, entré por donde era… entré por el lado caleño (entre caleños eso cae bien, ser frentero pero no conchudo, ser cauteloso)… y después pregunté si me podía quedar con ellos en la fila… colarme literalmente, si… así fue, igual estábamos lejos de la entrada. Por eso, por la confianza que me brindaron, me sentí como en casa, conversando, haciendo chistes, tomando aguardiente y caminando decentemente hasta la entrada. 

Ya en campo, la cosa no estaba tan complicada, había gente pero nos podíamos mover, es mas, nos pudimos ubicar muy cerca al escenario… nos hubiéramos podido hacer frente al escenario… pero no lo hicimos pensando en el gentío… sabia decisión, según los relatos de otros espectadores, unas cuantas mujeres ubicadas en esas zonas salieron desmayadas debido a la falta de aire por la multitud. Tuvimos tiempo para socializar, hacer mañita una hora más (primera parte de la última espera) mientras eran las 20:00 horas, porque pintaba ser súper puntual el cuento; por lo menos en Bogotá fue así. Mientras tanto, el aumento de gente era descomunal, hubo un momento en que no se veía nada, solo cabezas y cabezas y cabezas, pero aún estábamos holgaditos, se podía respirar y no había empujones. Presentimiento: “estoy ubicada muy cerca de la zona de pogo”. Solución práctica: reubicación hacia zonas perimetrales (preferiblemente hacia el fondo para poder ver el escenario, no hacia los lados). Solución ejecutada: efectivamente reubicación hacia la parte posterior del campo, pero inevitablemente hacia un costado; nada que hacer. (Eso ocurrió después de la interpretación de Lauren Harris).

La apertura del concierto no fue tan a tiempo como en Colombia, acá se tardó alrededor de media hora, después de las 8:00 p.m. para dar inicio; probaron el sonido (parece que una vez más)… salió un grupo de gente para posar en una foto, no supimos quienes eran pero asumimos que era parte de la comisión organizadora del evento. El público en general llamaba a la banda con gran emoción… me incluyo en el “público en general”. El público argentino cantaba como en la tribuna del estadio sus rimas y cánticos propios de partido de fútbol, pero adaptado a la petición de aparición de la Dama de Hierro. Nuestro “oe oe oe oe… Maiden Maiden”, fue un “ole ole ole ole Maiden Maiden”, que en últimas es lo mismo. Extrañé el unísono “Maaaaaaideeeeen, Maaaaaaideeeeeen”, a cambio de eso tuve “Aguante Maiden la puta que te parió, aguante Maiden la puta que te parió”, como en cualquier partido de fútbol, repito. ¡Lindo igual! Inició la banda de la hija de Harris, quien sólo cantó 4 canciones. Realmente ni ella ni nosotros hubiéramos soportado una más. 

Sólo puedo decir que ni tiene voz, ni tiene manejo de escenario, ni tiene mucho talento. Tiene un buen guitarrista que le ayuda en la voz como valor agregado para que no sea un tarro todo el tiempo (y un padre que la adora, no hay duda). Pero el artículo es sobre Maiden, así que ella sólo cantó cuatro canciones y ¡se fue! Punto.

Otra espera para que comenzara la música que fuimos a escuchar y el espectáculo que fuimos a ver. En ese lapso, nos abrimos del lugar inicial, previendo una avalancha de gente. La cual efectivamente ocurrió, afortunadamente sin mí adentro. Atrás había más espacio, se podía respirar y era más factible evadir cualquier pogo que se armara (no veo la necesidad de hacer un pogo en este concierto, peeero hay gente que le arma pogo hasta a las tablas de multiplicar). 

Dio inicio con “Aces High”, ¡¡¡nos enloquecimos!!!! Y mi locura permaneció intacta hasta el final del concierto, grité mucho… especialmente en los “Scream for me Argentina”, donde grité como si estuviera diciendo “Colombia” o “Bogotá” o “Mafer”. “Wasted Years”, “Revelations”, “Can I Play With Madness”, “Iron Maiden” (obviamente) y “Hallowed Be Thy Name”, entre otras, nos hicieron gritar, cantar, saltar, agitar las cabezas, con o sin melena, levantar los puños rítmicamente con los gritos, como guerreros, magnífico. “The Trooper”, con la aparición de Dickinson en uniforme y con la bandera inglesa, me hizo saltar, meterme en un reloj de pasta y recordar mis días enteros escuchando Maiden para mi felicidad (y de pronto para desdicha de mis vecinos); vi medio telón pero con eso me bastó. “Fear Of The Dark”… No tengo palabras… Vibré hij…ta! Me hizo falta “Flight Of Icarus” pero se los perdono ¡carajo!. Quienes me conocen saben cómo me gocé el concierto, saben lo que sentí y lo que significó asistir.

Para finalizar mi relato, el escenario debió haber sido un poco más alto, la plataforma estaba a escasos 1.60 ó 1.80 metros del piso, para que lo hubiéramos podido ver mejor, no sólo porque yo estuviera en desventaja por mi ubicación y mi escasa estatura (rodeada de gente en su mayoría mucho más alta). Dickinson se veía cuando se subía al nivel del telón (BIEN!). El manejo de la cámara para las proyecciones en las pantallas laterales fue muy buena, no perdieron detalles de ningún miembro de la banda, sin embargo las tomas generales de la escenografía fueron escasas, así que quienes estaban realmente a los costados del estadio no apreciaron suficientemente los cambios de ambientación logrados por los telones con imágenes de Eddie (Eeeeeeeeeeddddddiiiiiiiiiiiiiiiiiiieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee). El sonido, ¡Excelente! La noche hermosa con un cielo despejado lleno de estrellas, para armonizar, para hacer un grato contexto. Fue todo un éxito. Sobra decir que si puedo, repito.

La salida, todo lo contrario a la entrada. Pocas vías de evacuación, cuellos de botella y la multitud que quería salir a como diera lugar. Aguantar un poco más de empujones, de apretones, de sudor (no muy agradable debo hacer hincapié, especialmente porque un muy buen número de la población masculina se quitó la camisa, por lo cual el tumulto era más cruel al tener que permanecer pegado a un cuerpo sudoroso y desconocido… no describo más). Caminar y caminar y caminar y caminar, porque los colectivos estaban a reventar, no pasaban o no paraban. Taxis, la misma historia… a caminar. Después del concierto, valía hongo (en valluno argot) lo que pudiera pasar, había asistido a un concierto de Iron Maiden… el cansancio ya no importaba.

¡Gracias, Iron Maiden! Sinceramente, ¡Gracias!













María Fernanda Saavedra Lecompte.
Arquitecta de Bogotá, Colombia. 
Radicada en Argentina desde 2007. 
Fué Corresponsal del webmagazine Rock Cultura.