lunes, 10 de noviembre de 2014

PINK FLOYD EN EL PLANETARIO DE MEDELLIN, UNA EXPERIENCIA – Crónica

Por: Jose Paschu . Director
Pink Floyd es una de esas agrupaciones de la llamada vieja guardia que no admite ambivalencias, o te gusta o no te gusta. Independiente a la edad o si se es seguidor o no de esta agrupación británica de la cual se ha escrito mucho en cinco décadas de carrera, es innegable el aporte hecho al rock y su propuesta concebida desde sus letras, música y soporte gráfico que sigue y seguramente seguirá produciendo merchandising de colección por mucho tiempo. Siempre habrá quien descubra por vez primera el sonido e imaginería de aquello que los señores Barrett, Mason, Wright, Gilmour y Waters hicieron a su debido momento desde su disco debut de 1967.

Pues bien, en 2013 se conmemoraron cuarenta años del lanzamiento del emblemático The Dark Side Of The Moon, uno de los álbumes más vendidos en la historia del rock, y junto a toda una serie de homenajes a nivel mundial, se tuvo la idea de realizar un montaje único y sin precedentes en el país aprovechando la disponibilidad del Planetario Jesús Emilio Ramírez adscrito al Parque Explora en la zona norte de la capital antioqueña, a cargo del Municipio.


Se trata de una audición del álbum, en donde la calidad de sonido (7.1) es un factor decisivo. Esto, sumado a la proyección digital en HD al interior del domo pantalla, de 15 metros de diámetro, de material visual que complementa el audio de tal manera que lleva al espectador a un viaje sensorial durante los casi 43 minutos que dura el dark side. La bóveda celeste estrellada, galaxias en movimiento, auroras boreales, el campo magnético terrestre, nuestro sistema solar, vida unicelular y nebulosas sumado a imágenes de la Segunda Guerra, algunos insertos de “Time” y “Money” extraídos de la videografía oficial de la banda y por supuesto, nuestra Luna. Para destacar en “On The Run”, cuyo referente para todo fanático de la banda es aquella cama rodante con paciente a bordo que al final se estrella y estalla en llamas durante los shows en vivo, a los realizadores locales se les ocurrió grabar un recorrido nocturno por algunas calles de la ciudad en lo que en lenguaje audiovisual se denomina “traveling”, editado en cámara rápida. Una manera de apropiarse del lenguaje de Pink Floyd haciendo que el público se identifique aún más con el espectáculo. El icónico cerdo rosa hizo su aparición recorriendo por completo la base de la semiesfera con calma, sin prisa alguna. Ya entendemos por qué todas y cada una de las funciones han tenido taquilla agotada inmediatamente sale el papel a la venta en las tres ocasiones que se programó esta actividad durante el año que termina: mayo, agosto y noviembre. Las 110 sillas del aforo inclinado del Planetario se antojan insuficientes función tras función para todos aquellos amantes de la banda que, nos consta, viajan desde otras ciudades del territorio nacional y fuera de este para asistir a esta corta pero viva noche floydiana al 100% y en especial, para darnos cuenta que no existe un lado oscuro en la luna, que de hecho todo es oscuro. Cavernet Rock.