Por: Henry Assia
Fotos: Julián Pinzón
Diciembre 1, 2, 3 y 4
Corferias, Bogotá.
Fueron cuatro días durante los cuales la diversidad, la alegría, cordialidad y la integración estuvieron de la mano.
Corferias, Bogotá.
Fueron cuatro días durante los cuales la diversidad, la alegría, cordialidad y la integración estuvieron de la mano.
Rock, pop, metal, fusión, hip hop,
electrónica fueron los componentes que acompañaron esta fiesta. Un fin de semana
que le dio la bienvenida al último mes del año y lo hizo con lujo de detalles.
Orishas, Macklemore & Ryan Luis, entre otros, deleitaron a los asistentes al primer día
de Festival; y no fue sólo la música, había espacio para el cine, zonas comunes
que (algo extraño), ofrecían comidas de diferentes países y regiones a precios
nada elevados, que permitieron que el público disfrutara de muchas cosas sin
“agredir” su bolsillo. Dos escenarios, cerveza, whisky, juegos,
todo en un solo lugar.
Se vino el segundo día y me atrevo a
decir que era uno de los más esperados, el regreso a Colombia de Los Fabulosos Cadillacs, pero antes,
bandas como Carajo, Catupecu Machu y hasta los mismos Aterciopelados se encargaron de
encender la fiesta. Aforo completo y mucha gente por fuera, llegaron tarde al Stage
1 y al igual que muchos periodistas, no pudieron acceder al show y por fin los
Cadillacs, con un show renovado, versátil, entretenido, con mucha fuerza y casi
dos horas de emoción.
Tercer día de Festival y es el turno
para Carlos Vives en el cierre.
Impresionante. La entrega, los músicos y el sonido estuvieron en un nivel
superior. No hubo queja alguna y todo a pedir de boca. El público completamente
distinto al de la noche anterior, personas un poco más maduras demostraron que
Vives es una parte muy importante de la cultura musical del país.
Finalmente y para cerrar con broche de
oro, se llegó la jornada final. Día cuatro, House of Pain, La Etnnia,
Bomba Estéreo (que finalmente no pudo
participar por un accidente de su vocalista), Cris Cornell y Paul Van Dyke,
fueron el plato fuerte; variedad absoluta y comunión total de los asistentes.
No hubo roce alguno y gracias a la prohibición de cámaras en la parte final del
evento (Cornell y Van Dyke, exactamente), nosotros los periodistas nos
integramos a la fiesta, sonreímos, compartimos, bailamos y después de casi cien
horas de trabajo. Subimos nuestra energía ALMAXIMO.
Queda demostrado que estos espacios si
son posibles, que eventos privados y de gran envergadura sí funcionan en
Bogotá, que la convivencia y tolerancia están muy presentes y que merece la
pena darle a la gente este tipo de espectáculos.