En un día cargado de emociones encontradas,
Karen y yo nos dirigimos al Estadio El Campín de Bogotá el 12 de octubre, donde
miles de fanáticos, jóvenes y veteranos del Rock, nos congregamos para
presenciar el anhelado concierto de Guns
N' Roses. Este evento significaba mucho más que música; era un reencuentro
con mi niñez, con mis sueños de infancia y, al mismo tiempo, un tributo a la
memoria de mi padre, que había fallecido apenas unos días antes, el 22 de
septiembre de 2022.
La idea de asistir a este concierto en medio
del luto fue un dilema emocional. Pero con el apoyo incondicional de Karen,
decidimos que esta era la manera de honrar mi anhelo de toda la vida y de
recordar a mi padre. Era un tributo, una cita con la nostalgia y mis sueños de
juventud, un viaje al pasado que aún resonaba en mi corazón.
Pasadas las 6:00 p. m., Aterciopelados subió
al escenario y, con sus clásicos como "Bolero falaz," "Florecita
roquera," y "Maligno," me permitió evidenciar que para muchos
ese sonido es un tesoro nacional. Pero esa es otra historia. Mi mente y corazón
estaban ansiosos por el momento que seguía, el momento que había esperado
durante casi toda mi vida: ver a Guns N'
Roses en vivo. Era el anhelo de mi niñez hecho realidad, la oportunidad de evocar
mis raíces, mi amor por la música y cómo mi niñez fue el origen de mi pasión
por el Rock.
Incluso en ese instante, recordaba con
profunda nostalgia cómo lamenté no haber podido asistir al concierto de Guns N'
Roses en 1992, cuando tenía tan solo 11 años, y mis padres no me permitieron
viajar a otra ciudad. Aquel día fue un sueño desgarrado por la realidad de la
infancia, pero esta noche, en el Estadio El Campín, tenía la oportunidad de
redimir ese sueño y teñirlo de emociones frescas y vibrantes.
Las luces del estadio se atenuaron a las 8:00
p.m., y el público rugió de emoción. Inmediatamente, las pantallas desplegaron
un video introductorio, y allí estaban, los Guns N' Roses, listos para
transportarnos a través de la música. La icónica "It's So Easy" marcó
el comienzo de un concierto que duraría casi tres horas, y con ella, una
montaña rusa de emociones me envolvió.
Axl Rose, Duff McKagan, Slash y el resto de
la banda brillaban ante nosotros. La voz de Axl ha evolucionado con el tiempo,
pero su esfuerzo incansable merece nuestro respeto. A pesar de que ya no es el
joven rebelde que corría por el escenario, su vitalidad a sus 60 años demuestra
por qué sigue siendo uno de los más grandes cantantes del Rock. Cada nota
desencadenaba un estruendoso aplauso, y Axl, fiel a su estilo, cambió de
chaqueta casi en cada canción.
La música, sin embargo, era solo parte de la
experiencia. Las intervenciones instrumentales no dejaron de sorprendernos.
Slash, con su inconfundible sonido de guitarra, tuvo momentos de protagonismo
que electrizaron a la multitud. Era asombroso ver cómo Axl y Slash, ambos en
sus 60 y 57 años, respectivamente, cantaban, tocaban, corrían y saltaban como
si fueran adolescentes.
Uno de los momentos más emocionantes llegó
con "Civil War," una canción del álbum "Use Your Illusion
II" (1991). Dos banderas de Ucrania ondearon a ambos lados del escenario,
un claro homenaje al conflicto con Rusia. "I don't need your civil war, it
feeds the rich while it buries the poor" (No necesito tu guerra civil, alimenta
a los ricos mientras entierra a los pobres), cantamos a coro, con las pantallas
mostrando la bandera ucraniana. Fue un grito por la paz en un mundo lleno de
conflictos.
El concierto de los Guns N' Roses cumplió con
creces nuestras expectativas. Canciones icónicas como "Welcome to the
Jungle," "Knockin' on Heaven's Door," y "November
Rain" estaban en el setlist, y cada una de ellas evocó una era dorada de
nuestras vidas. Fue un viaje a través del tiempo, y a pesar de las lágrimas que
afloraron, Karen estaba a mi lado, sosteniendo mi mano y compartiendo este
momento trascendental.
A medida que la noche avanzaba, mis emociones
colapsaron en la parte final del concierto con canciones como "Coma,"
"Patience," y "Don't Cry," pues se convirtieron en los hilos
que tejían mi conexión más profunda con el concierto. "Coma" fue un
torrente de emociones crudas que me recordó a la complejidad de la vida y la
lucha interna. La intensidad de la música resonaba con la agitación que sentía
en mi corazón en ese momento. Luego, "Patience" se convirtió en un
bálsamo para mi alma afligida, como si Axl Rose estuviera cantándome palabras
de consuelo directamente. En medio de la multitud y las luces, me sentí
comprendido, acompañado por las notas que llenaron el estadio. Y finalmente,
"Don't Cry" resonó como un mensaje de esperanza, un recordatorio de
que, a pesar de las penas y los momentos difíciles, la música y el amor de
Karen estaban ahí para secar mis lágrimas. Cada una de estas canciones se
convirtió en una parte esencial de mi viaje emocional en esa noche memorable.
Después del concierto, regresamos a descansar
al Hotel Tequendama, el mismo lugar que había sido testigo del alojamiento de
la banda en su primera visita a Colombia en 1992. En ese hotel, encontramos un
vínculo especial con su legado. Este concierto no solo cumplió un sueño de la
niñez, sino que también sirvió como un puente entre el pasado y el presente, y
como un recordatorio de la trascendencia de la música en nuestras vidas.
El concierto de Guns N' Roses no solo fue un evento musical, sino una experiencia
que abrazó nuestras emociones, nuestras raíces y nuestros sueños de juventud.
Fue un tributo al pasado, una cita con la nostalgia, una celebración del
presente y una promesa para el futuro.
Nota del
autor:
Escribo esta crónica un año después de vivir
el concierto de Guns N' Roses porque, durante ese año, he tenido la oportunidad
de procesar y reflexionar sobre el impacto de ese evento en mi vida. Al
principio, las emociones encontradas y el duelo por la pérdida de mi padre
hicieron que fuera difícil encontrar las palabras adecuadas para describir esa
experiencia. Sin embargo, con el apoyo de Karen, mi pareja, y el paso del
tiempo, he llegado a comprender la profunda significación de ese concierto.
Como ya lo mencioné, este concierto no fue
solo un evento musical, fue un viaje al pasado, una conexión con mis raíces,
mis sueños de juventud y mi amor por el Rock. Fue un tributo a mi padre y una
oportunidad para sanar y avanzar en el proceso de duelo. Al escribir esta
crónica un año después, puedo compartir con los lectores una narrativa más
completa y reflexiva, capturando la complejidad de mis emociones y cómo la
música, el amor de Karen y la música de Guns N' Roses se entrelazaron para
convertir esa noche en un recuerdo eterno.
Espero que esta crónica, para mí evocadora y
memorable, permita a los lectores sentir la magia de ese concierto y comprender
cómo la música tiene el poder de sanar, conectar con el pasado y celebrar el
presente. Mi objetivo es transmitir cómo un evento aparentemente simple puede
tener un impacto duradero en nuestras vidas y en nuestra capacidad para superar
obstáculos y encontrar la belleza en medio de la adversidad.
Maco . 26 . 06 . 1981
Comunicador Social
Director de Lágrimas de Acero
Cali